lunes, 21 de septiembre de 2015

Molinos de Portofurado


Otro de los innumerables elementos que por antigüedad, tradición y arraigambre en la cultura mediática popular, parece formar parte también de ese numeroso grupo de elementos tradicionales, a los que de manera simbólica se podría otorgar el adjetivo calificativo de mágico, es el molino, o muiño, como es generalmente denominado en llingua galega. Suelen estar situados a la vera de ríos y arroyos, y gran parte de su peculiaridad y encanto, reside en que, generalmente, se los encuentra uno situados en parajes de extraordinaria belleza, por lo que no resulta difícil que por añadidura, en muchas ocasiones, su contemplación suela producir en el observador la sensación de estar bajo los efectos de un meigallo, palabra con la que las bonas xentes galegas definen al hechizo o embrujamiento.

Por otra parte, si tuviéramos que hacer comparaciones, por muy odiosas que éstas, en el fondo, puedan llegar a resultarnos, tal vez no nos resulte ciertamente exagerado ver en estos rudimentarios pero eficaces auxiliares del fascinante mundo rural, un elemento psicopompo –por su asociación con el río, el viaje y los peajes-, ligado, además, a una abundante y variada mitología, en la que el folklore popular, transforma a las antiguas xanas o donas d’aigua, en las hermosas molineras que dieron origen a numerosas coplas y canciones, bajo cuyos encantos sucumbió incluso más de un párroco rural. 

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