miércoles, 11 de noviembre de 2015

El Consejo Nocturno de Platón


No sólo debemos a Platón excelencias filosóficas tan amenas, profundas y atrayentes como su inigualable Mito de la Caverna; o cautivadoras historias que han encendido -y lo continúan haciendo- interminables debates científicos a lo largo de la Historia, como es el tema de la mitológica Atlántida, sino que también le debemos -al menos como fuente de sabiduría y alivio a la que acudir cuando el espíritu necesita un paño de Verónica con el que secarse las gotas de sangre que emanan de su particular corona de espinas-, la aproximación a la idea de un gobierno ideal establecido por legisladores y sacerdotes -los idóneos para él, eran los de Apolo-, a los que, bajo la denominación de Consejo Nocturno, recomendaba reunirse a deliberar y tomar decisiones para el bien común, en ese momento tan específico, especial y peculiar que media entre las primeras luces y la salida del sol, cuando las personas todavía permanecen bajo la influencia de las visiones oníricas del ambiguo Hypnos y los portentosos sementales tiran con brío del Carro, para sacar al Sol, una vez más, de su exilio diario en el Inframundo.

Posiblemente, la decisión de Cristo de entrar en Jerusalén como Mesías a lomo de una burra, se gestara en un momento como éste; y en un momento similar, allá, en el fatídico Huerto de los Olivos, el ángel le ofreciera, también, el Cáliz Amargo y la Cruz del martirio. Es el mejor momento, o el momento más especial de los viajes de éste humilde Caminante: un momento por y para el Espíritu. También, todas estas imágenes se han tomado, jornada tras jornada, desde un lugar muy especial: un Hospital.

Quién sabe, quizás sirvan para algo y alguien con las posibilidades y el poder suficiente tome ejemplo y piense en los demás desde una perspectiva diferente.

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