martes, 28 de octubre de 2014

En el corazón de Montserrat


Tal vez no sea éste su auténtico corazón, si tenemos en cuenta que la Montaña de Montserrat se asienta sobre un verdadero dédalo de túneles y galerías, posiblemente muchas de las cuales sin explorar todavía. Pero obviando el detalle, no cabe duda de que el lugar en el que se asientan los antiguos cimientos y donde reposan su sueño eterno las cenizas indolentes del abad Oliba, recoge las influencias derivadas de ese imaginario Axis Mundi que se oculta en lo más recóndito de sus entrañas. Posterior, posiblemente, a la época de Oliba, un original arco románico recuerda las viejas peregrinaciones al Santuario. Un Santuario que, como se sabe, recoge las precristianas virtudes y gracias de aquéllas venerables Mater negras, que no sólo fueran alabadas por genuinos personajes históricos, como Salomón, y devotamente veneradas por singulares teóricos del cristianismo, como Bernardo de Claraval, sino que todavía, al cabo de los milenios, gozan de la adoración del pueblo, cualquiera que sea su mediática identidad. Una Mater –poco importa si la original se perdiera en un desafortunado accidente-, portadora de una esfera que recuerda, parafraseando a Ramón J. Sender (1), la difusión del sonido y de la luz; una esfera que irradia un benefactor magnetismo y que, desde su singular microcosmos, nos recuerda, también, el camino del infinito: aquel cuyo movimiento se produce en espiral, como el de los astros y el de los planetas en la macrocósmica y monumental esfera del Universo.


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(1) Ramón J. Sender: 'Ensayos sobre el infringimiento cristiano', Biblioteca de heterodoxos y marginados, Editora Nacional, Madrid, 1975.

2 comentarios:

  1. Si difícil es que el corazón aguante tanta emoción, más difícil fue que lo hicieran las piernas esperando la multitudinaria cola.

    Un abrazo, Caminante

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  2. Doy fe del sacrificio; y además, añado que el sacrificio fue por complacer a un amigo que no sólo quedó encantado con la experiencia, sino, además, gratificado por el cariño que recibió, que le hizo no sólo vivir un sitio especial, sino también sentirse muy especial él.
    Un fuerte abrazo,

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