jueves, 1 de diciembre de 2011

El Santuario de Santa Casilda




No cabe duda de que Burgos es una provincia de misterios; una tierra en cierto modo privilegiada, donde Historia y Leyenda se abrazan con sorprendente dulzura, para extender sobre el ánimo del espíritu, un velo de ilusión y de prodigio. Uno de los lugares donde mejor se deja sentir este velo, que los teósofos denominan de Isis, me parece a mí que es, sin duda, este carismático santuario de Santa Casilda, situado no muy lejos de Briviesca, y a la vez, de esa ensoñadora provincia dentro de la provincia, que son las Merindades.

Como en muchos otros lugares -no estaría de más, citar otro ejemplo en esa ermita de Nª Sª de Oca, en Villafranca Montes de Oca- antiguos entornos y cultos paganos que, aunque convenientemente cristianizados, aún conservan parte de los elementos que los caracterizaron en tiempos. Incluso aquí la leyenda conserva elementos sorprendentes elementos paganos en la misma Santa Casilda, hija de un califa moro que, apiadada de los sufrimientos de los prisioneros cristianos, les llevaba regularmente hogazas de pan escondidas en sus vestidos. La tradición cuenta que, viéndose sorprendida por su desconfiado padre, la Virgen convirtió en rosas las hogazas de pan. La doncella se convirtió y terminó aquí sus días, en este entorno del espíritu que ya conociera en tiempos el paso de los druidas y la devoción de los celtas. El bosque, las grutas, las fuentes son elementos siempre a tener en cuenta. Elementos que invitan a reflexionar. Y el lugar, para ello, para la reflexión, resulta, sencillamente, espectacular.





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2 comentarios:

  1. Todo está aquí, preparado para la magia: la montaña, el bosque, el manantial... y la "druidesa" oficiadora del rito sagrado, llámese Casilda, o Xana, o como quiera llamarse.
    Un rito, que solo puede tener carácter telúrico, propiciatorio de la regeneración vital.
    Un rito, que cada cual puede oficiar en lo más profundo de su espíritu. Pero hay que acudir al lugar sagrado con el corazón puro, de preferencia en una hora solitaria, sentarse al borde del lago, dejar la mente en blanco, y esperar...
    El resto, la aparición de la magia, la percepción de su fuerza, solo cada cual sabe si se ha producido o no.

    Salud y fraternidad.

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  2. Qué grata sorpresa verte por aquí, Magister. Tú lo sabes bien, no en vano compartimos viaje en agosto y creo que en ambos quedó impregnada algo de la magia (espiritualidad) que desprende este lugar en su conjunto. Lástima que las exigencias de la ruta no nos permitieran seguir ese consejo y dejarnos llevar allí, sentados a la orilla de ese precioso laguillo, abriendo las puertas de la percepción. Pero estoy seguro de que algo quedó; resulta difícil que en el alma la araña de los recuerdos no teja su firme tela, por pequeña que sea. Un abrazo

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