La Torre de Hércules. Sin duda, uno de los lugares que más visitantes atraen de una costa, cuya salvaje belleza, acrecentada por ese mar, en ocasiones, enfurecido, todavía evoca ecos de milenarias y épicas leyendas. Desde Hércules, al impacto que debió de provocar en las legiones romanas ese panorama donde innumerables menhires parecían señalar hacia ese lejano infinito del que llegaron multitud de pueblos diferentes, de maestros y de oscuras sabidurías, hasta la hipotética situación, mencionada por algunos autores, de la histórica y a la vez, de difícil localización bailía templaria de Faro. Un lugar que, aunque reconvertido con el paso de los años y herida su soledad por cientos de visitantes, todavía conserva parte de ese ancestral imán, que arranca susurros de nostalgia en el alma y subyuga el espíritu con indefinibles melodías.
'Un día en el recinto sagrado de Karnac me dijeron: te he llamado y has venido, no estás aquí por casualidad...'.
domingo, 17 de noviembre de 2013
martes, 15 de octubre de 2013
El Duero y los Arcos de San Juan
'Ay seguir el camino que se aleja de todo,
donde no esté atajando la angustia, la muerte, el invierno,
con sus ojos abiertos entre el rocío...'.
[Pablo Neruda]
Si estas imágenes, vistas a ritmo de fado -que al fin y al cabo, es en Portugal a donde va a morir nostálgico el Viejo Duero- no te hacen vibrar, es que quizás la Poesía se ha alejado definitivamente del Mundo del Espíritu. Sea como sea, y entre un pequeño paréntesis, desde este blog se da siempre la bienvenida al Espíritu del Otoño. Lugares hay muchos, pero tan bellos, sugestivos y mágicos, realmente pocos.
miércoles, 2 de octubre de 2013
Un paseo por el Cañón del Mao
Provincia: Orense
Cercano a los cañones del Sil y a lugares de antiguo magnetismo, como las ruinas del monasterio de San Paio de Abeleda, otro río, el Mao -impenitente sofocador de incendios, pues de su embalso, cercano a la población de Castro Caldelas, se nutren los helicópteros e hidroaviones que se encargan de ayudar a sofocar las llamas-, nos muestra, en su milenario discurrir, lugares entrañables de singular belleza, que aúnan el pacífico y a la vez misterioso atractivo de los bosques autóctonos con otra impresionante orografía conformada pacientemente, a lo largo de los siglos, por la silenciosa canción del agua y la erosión, que tanto alababa el poeta hindú Rabindranath Tagore. Un entramado de célticos murmullos, por donde discurren unas aguas que saltan cantarinas entre las rocas, que se esconden, como las donas d'aigua y que resurgen más adelante con el ímpetu de un torrente arrollador. Un lugar especial, donde la paz, el suave murmullo del río y el batir amistoso de hojas ofrecen un merecido homenaje a los sentidos.
jueves, 26 de septiembre de 2013
Un viaje mágico por los Cañones del Sil
'Nave, nave mía.
El Oeste busco,
y campos
y montañas
siempre benditos...' (1)
Lugar: Orense y Lugo
Los Cañones del Sil, una octava maravilla, cuyo protagonismo es compartido por dos provincias gallegas, mediáticas, misteriosas, bellas, cuyos infinitos senderos miran también hacia el Oeste, como sabe bien todo peregrino y como buscaba Bilbo, ese entrañable personaje de la Tierra Media tolkiana: Orense y Lugo. Si contemplar, desde cualquiera de sus múltiples miradores, este generoso fenómeno natural ya constituye, de por sí, toda una experiencia sublime, tener la oportunidad de navegarlo, siquiera en un corto tramo -o quizás largo, circunstancia que a la postre, una vez embarcado, siempre se hace realmente corta- es algo verdaderamente espectacular. Una experiencia, donde los mensajes se convierten en paradigmas y éstos en frágiles poemas que, cual pompas de jabón -como esos mundos sutiles por donde navegaban también las Musas de Machado, antes de explotar e inmortalizarse en tinta- invitan a soñar. Picos escarpados, algunos con inequívoca forma de pirámide, se alternan, de tramo en tramo, con montes más dóciles en cuya espalda sansónica, se alternan hileras de sagradas cepas, cuya visión invita a degustar ese néctar noético, cuya denominación de origen, ribera sacra, indica a la perfección un lugar bendecido desde el alba de los tiempos. No en vano, desde luego, tanto en el interior como asomándose vertiginosamente a esos balcones labrados armoniosamente por los ríos Sil y Miño, estamos en una región donde proliferan, como un firmamento de estrellas anclado en tierra, el mayor número de monasterios de toda Galicia. Y aunque en este vídeo no se muestren, resultaría difícil, dejándose llevar por la imaginación y la corriente, no escuchar, arrastradas por las cantarinas aguas, el sonido, anclado en el tiempo o vagando en las riberas, de las campanas de sus torres y el Te Deum laudamus de las gargantas de unos monjes que glorificaban la Creación, desde este paraíso en que les tocó vivir.
Hacia el Oeste: buen viaje por los Cañones del Sil.
(1) J.R.R. Tolkien: 'La última canción de Bilbo', Editorial Planeta, S.A., 2010.
domingo, 22 de septiembre de 2013
Parroquia de Santiago de Gaioso: río Ladra
Lugar: Lugo
Como ya se aventuraba en la entrada anterior, y antes de acceder a ese bosque sagrado donde se localiza uno de los monumentos megalíticos más extraordinarios, como son las Penas de Rodas, la ruta nos lleva por la Parroquia de Santiago de Gaioso y ese puente moderno que se eleva sobre el cauce del río Ladra. Un río y un entorno, que conforman uno de los más extraordinarios eco-sistemas de la provincia. Merece la pena detenerse unos minutos, y contemplar el curso apacible de unas aguas que discurren por un cauce donde proliferan todo tipo de plantas acuáticas que, de hecho, le confieren el aspecto que caracteriza las viejas historias de la mitología celta relacionadas con las Donas d'Auga y otros seres de elemental y mágica constitución.
miércoles, 28 de agosto de 2013
Outeiro de Rei: Penas de Rodas
Provincia: Lugo
Situación: Concello de Outeiro de
Rei
Llegar hasta este enigmático
vestigio megalítico, no es fácil, pero ir en su busca, merece la pena. Por si
pudiera servir a futuros buscadores de lo insólito y trascendente, les diré que
el mejor camino para llegar hasta las Penas de Rodas, es desde Rábade, tomando
la dirección de Santiago de Gaioso, donde sí hay carteles indicadores. Antes de
entrar en el pueblo, merece la pena detenerse unos minutos en el puente y ver
el fabuloso entorno formado por el río Ladra. Una vez apurado este envolvente
aperitivo biosférico, el espíritu avanza preparado para afrontar la magia
insólita que conforma la visión de tan enigmático lugar.
Pasado el pueblo, y siguiendo las
indicaciones, el camino se bifurca en dos, formando una horquilla en cuyo
centro, como si de una imaginaria pata de oca se tratara, se divisa esta
imponente maravilla inmemorial. Una maravilla que sorprende por su fascinante
hechizo. Un hechizo que hace que, tirando del recurso de la imaginación, uno se
figure que está contemplando dos colosales esfinges megalíticas, que dirigen la
mirada hacia el Oeste, quizás señalando ese camino que ya los pueblos
pretéritos utilizaban para acercarse a Fisterra, donde el mar engullía al sol
en el ocaso.
Mucho se ha escrito sobre este
lugar, y hay opiniones para todos los gustos. Hay quien pretende ver en ellas
–como en Stonehenge- un observatorio astronómico. De hecho, y según se comenta
en numerosos escritos que circulan por la Red, tiene que ser todo un espectáculo
ver el salir el sol, iluminando con sus rayos el espacio que queda entre ambas
piedras. El espectáculo, sin duda, debe ser genuinamente colosal en la noche de
San Juan, donde me consta –a juzgar por la habilitación moderna del lugar, que
le resta cierto encanto- que los vecinos de los alrededores se reúnen para
festejar la noche más mágica del año, aquélla que abre la puerta de Jano al
solsticio de verano y libera de su hechizo a toda una gama de seres fantásticos
que conforman la mediática mitología basada en unas creencias de origen
preeminentemente celtíbero, todavía muy arraigadas en lo más profundo de la
psique del pueblo gallego.
La hierba alta, el espeso bosque
que circunda el prado sobre el que se asientan en mefistofélico equilibrio
estas imponentes rocas, la suave brisa colándose entre las ramas, semejando
suspiros de fatas morganas son, probablemente el mejor liberador de sensaciones
y experiencias que cada uno debe experimentar por sí mismo. Un lugar extraño,
reliquia de un mundo antediluviano, donde la magia formaba parte de lo
cotidiano, donde el Espíritu entraba en trance universos paralelos, pocas veces
perceptibles.
En resumen, y como diría el
filósofo francés Paul Elouard: hay otros mundos, pero están en éste.
Publicado en Steemit, el día 1 de junio de 2018: https://steemit.com/steemit/@juancar347/outeiro-de-rei-penas-de-rodas
miércoles, 7 de agosto de 2013
Dólmenes: lugares del espíritu
Durante siglos se ha cebado en ellos la superstición, hasta el punto de ser denominados como Piedra de las Brujas, por considerarlos el vulgo como lugares de conciliábulo y aquelarre. Poco se comenta, no obstante, de la perfección de ésta auténticas obras de arte megalíticas, donde todo está calculado al milímetro, hasta el punto, comprobado, de haber sido incluso capaces de mantenerse en pie a continuación de un terremoto. Poco se comenta, así mismo, sobre todo en ambientes netamente científicos, de esa peculiar precisión que tenía el hombre primitivo, para colocarlos estratégicamente en lugares de comprobada actividad telúrica. Se encuentren o no enterramientos en su interior, suelen ser clasificados dentro de la categoría de recintos exclusivamente funerarios. Pero pocos son los que se detienen a pensar, sin embargo, que quizás pudieron haber tenido una doble función, como posteriormente habrían de tenerlas las iglesias: templo y cementerio.
Estos dos magníficos aunque bastante deteriorados ejemplares, se localizan en la denominada Llanada Alavesa. Se trata del dolmen de Aitzkomendi y el muy conocido de Soginetxe, precisamente, vocablo vasco que significa lo que se comentaba al principio: piedra de la bruja. Ambos, apenas separado por unos kilómetros de distancia, parecen apuntar hacia un lugar muy específico de la frontera entre Álava y Navarra: la Sierra de Urbasa, enclave mágico donde los haya, donde todavía persisten los antiguos mitos de la fascinante mitología vasco-navarra, sobre todo en las figuras principales de Mari, la Gran Diosa Madre y los jentillaks, gigantes que, aparte de divertirse lanzándose enormes bloques de piedra, tenían fama de ser unos magníficos canteros y que, en ocasiones, reviviendo el antiguo mito clásico de Prometeo, sirvieron también de instructores a los hombres.
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