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jueves, 17 de marzo de 2016

El castillo de Cornatel, las Médulas y el lago de Carucedo


El Bierzo, sus leyendas y sus misterios. El Teleno, los montes aquilanos, la Tebaida Berciana, Compludo, Ponferrada, el Camino de Santiago, celtas, peregrinos y templarios. Sin duda, cualquiera que sea el rumbo que se tome, el viajero, sea cual sea su condición, no dejará de sentir el magnetismo tan peculiar de ésta imprescindible porción de la España Mágica; ésa misma España Mágica que, según algunos autores, agoniza pero que se niega obstinadamente a desaparecer. No obstante, me permito hacer una pequeña recomendación y aunar en la presente entrada, tres lugares que, formando un triángulo imaginario y muy próximos entre sí, no dejarán en modo alguno indiferente la avidez de sensaciones del espectador: el castillo templario de Cornatel, en cuyas almenas todavía ondea el Bauceant o estandarte blanqui-negro del Temple, custodiando el camino hacia el segundo vértice del triángulo, las Médulas, esa ruina montium que, aún restañando una herida abierta en el corazón de la tierra, siglos después continúa siendo todo un poema a la belleza y por supuesto, la magia inefable de ese espejo por el que la xana Caricea observa las estrellas, que no es otro que el hermoso lago de Carucedo. En definitiva, tres Lugares del Espíritu que tienen la ventaja de estar situados muy próximos entre sí.


viernes, 18 de septiembre de 2015

La catedral de León al atardecer


Dejando a un lado los Lugares del Espíritu por excelencia, que no son otros que los inapreciables retoños que brotan de la cálida matriz de Donna Gaia, si tuviera que pensar en aquellos otros ideados por la mano del hombre -al fin y al cabo, pauperi y limitado imitador del Arte Supremo-, no podría, por menos, que decidirme por las catedrales. Con ellas, ocurre lo mismo que con las personas: son un mundo. Un mundo, por añadidura, que merece la pena descubrir y amar. Pero descubrir, significa también admirar, buscar la belleza interna y externa de las cosas, y dejarse llevar por la gracia de las sensaciones generadas en un instante. A mí me pareció, y por eso lo comparto, que esa gracia se mostró un atardecer de verano -lejos quedaba la magia de la noche de San Juan, pero no la alegría del solsticio-, cuando el sol se dirigía hacia su cuna en Finisterre y la explosión de gloria de sus últimos bostezos, cual dedo de Midas, se desparramaba con filigranas de oro por la fachada de una sacerdotisa -metafóricamente hablando-, que se preparaba a recibir a su Señora, la Luna. Decía Heráclito de Éfeso, que el carácter del hombre es su destino; pero se guardó mucho de añadir, que en el fondo, tanto el destino como el carácter como el hombre, siempre sucumben frente a la Belleza.


Publicado en Steemit, el día 22 de abril de 2018: https://steemit.com/talentclub/@juancar347/la-catedral-de-leon-al-atardecer