Hay lugares que, aún no siendo naturales, reproducen a la perfección esas impresiones, sensaciones y estados inherentes que elevan al espíritu hacia determinados estados de conciencia. Algunos de tales lugares, sin desmerecer otros muchos existentes a lo largo y ancho de esta aparente piel de toro que conforma el mapa peninsular, qué duda cabe que son muchas de las auténticas maravillas que, repartidas por puntos muy concretos del Principado de Asturias, conforman aquello que popularmente se considera como Prerrománico, pero que yo, -al igual que otras personas, y obviando cualquier tipo de sentimiento de carácter nacionalista, con los que, a mi modo de entender, no conjugan ni la Cultura ni el Espíritu, pero que no obstante respeto-, me complazco más en considerar como Arte Asturiano. Construidos, no cabe duda, en lugares telúricos previamente determinados, que en gran medida pueden contribuir a generar ese tipo de sensaciones sensoriales a las que se hacía referencia, aumentan éstas aún más, si cabe, por esa perfección que las caracteriza, donde peso, medida, equilibrio, proporción y armonía hacen que esos indefinibles claroscuros de sus interiores se conviertan en auténticos receptores de frecuencias anímicas, que pueden conseguir ciertas experiencias sublimes en el ánimo de las personas. Uno de los mayores exponentes, quizás el más enigmático en cuanto a su situación, no es otro que hermoso templo de Santa Cristina, situado en el Concejo de Pola de Lena, en pleno Camino de Santiago por el interior asturiano y punto de partida hacia la denominada Ruta de las Reliquias que, atravesando el Puerto de la Cobertoria, se adentra por los concejos de Quirós, Teverga, Proaza y Morcín en dirección al Monsacro, lugar en cuya cima, se sitúa la denominada Majada de les Capilles, donde estuvo depositada el Arca con las reliquias que actualmente se conserva en la catedral de Oviedo.
'Un día en el recinto sagrado de Karnac me dijeron: te he llamado y has venido, no estás aquí por casualidad...'.
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viernes, 31 de enero de 2014
jueves, 27 de septiembre de 2012
El Desfiladero de las Xanas
'¡Ay del que va en el mundo a alguna parte
y se encuentra a una rubia en el camino!'
[Campomanes]
Lugar: Asturias
La Ruta transcurre, a lo largo de unos 5 ó 6 kilómetros de espléndida naturaleza, entre los pueblos de Villanueva y Pedroveya.
Admiro los conocimientos, disfrazados de ficción, que un auténtico teósofo español -Mario Roso de Luna- legó a una posteridad que ya, en pleno siglo XXI, parece haber perdido el gusto por lo mágico y tradicional. Uno de mis libros preferidos, una auténtica joya, en mi opinión, es aquél que, titulado El Tesoro de los Lagos de Somiedo (1), contiene tal cantidad de valiosa información, que uno no puede prescindir de su recuerdo, cuando el destino le sonríe con la fortuna de poder acceder, en una de sus caminatas por esos infinitos caminos de la vieja Iberia, por un lugar como el Desfiladero de las Xanas. Roso describe, con todo lujo de detalles, su casi fatal encuentro con una xana, que a punto estuvo de costarle el alma y la razón. Le ocurrió en Avilés, según lo narra en el capítulo XI de la Tercera Parte del referido libro. Sin embargo, este nido de xanas que expongo en la presente entrada, queda algo apartado de Avilés, pero no obstante, muy cerca del Monsacro y en la confluencia de concejos ricos en mitos y tradición, como son los de Morcín, Riosa, Santo Adriano, Proaza o Quirós.
Dicen, y yo así lo creo, que una imagen vale más que mil palabras. Por eso, añadir excesiva literatura a un lugar con semejantes características sería, en el fondo, asumir voluntariamente la posesión del demonio de la prepotencia. Aún así, no puedo evitar añadir simplemente una cosa: cuidado con las pozas, sobre todo si vemos a una rubia cepillándose el cabello en una de ellas.
Y por favor, turistas cerdos, absténganse: un lugar como éste, no merece su visita.
(1) Mario Roso de Luna: 'El Tesoro de los Lagos de Somiedo', Editorial Eyras, 1980.
jueves, 3 de noviembre de 2011
El Monsacro asturiano
Difícil resultaría, pues, que en un lugar tan especial, los hombres no hubieran desplazado progresivamente a los dioses, sustituyendo y otorgando cultos y religiones, y que, en el ínterin temporal entre unos y otros, las leyendas, que probablemente nacen en el preciso momento en que el aura de la Historia se vuelve opaca, no afloraran con su espectacular carga fantástica.
Dejando a un lado la posible presencia de los inquietos fratres milites del Temple, parece más que probable que aquí recalaron y fueron ocultadas durante algún tiempo, las santas reliquias traídas de Jerusalén por Santo Toribio, y posteriormente trasladadas por Pelayo y un grupo de soldados de Morcín, después de la hecatombe visigoda y la caída de la capital del reino: Toledo.
Algo de verdad debe de haber, evidentemente, cuando tanto el arca como las reliquias se guardan hoy en día en la cripta de la catedral de Oviedo. Pero quizás lo más interesante, después de todo, radique en el carácter, eminentemente sacro, que esta montaña distante apenas 8 kilómetros de la capital del Principado, tuvo desde tiempo inmemorial para las diferentes razas y culturas que habitaron sus alrededores.
Y una cosa es segura: la belleza del entorno y las sensaciones que se experimentan, una vez encaramados en la cima, bien merecen el esfuerzo.
Publicado en STEEMIT, el día 20 de Enero de 2018: https://steemit.com/spanish/@juancar347/un-monte-sagrado-el-monsacro-asturiano
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