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sábado, 3 de octubre de 2015

El agua que hace Sacra a una Ribera


Sabiamente se expresaba el gran poeta hindú, Rabindranath Tagore, cuando afirmaba que no es el martillo el que deja perfectos los guijarros, sino el agua con su danza y su canción, como bien se nos recuerda, toda vez que nos dejamos caer por un Lugar del Espíritu, como es el Monasterio de Piedra y su maravilloso entorno. Pero no es de este monasterio -venido a menos con la Desamortización de Mendizábal y en parte recuperado con fines hosteleros- y de su entorno de quien pretendo hablar, siquiera unas breves líneas, sino de otro entorno privilegiado e indiscutiblemente especial, donde unos guijarros monumentales, metafóricamente hablando, han sido pulidos y moldeados con infinita destreza y con la paciencia de siglos, por las aguas maternas de un río, el Síl, que aunque no lleve la fama de su pariente, el Miño, despliega en silencio la sabiduría creadora de los auténticos maestros. Y no falta maestría, navegando en esas aguas que son espejo de luna y estrellas y Madre espiritual de cuyo pecho abrevaron en el pasado infinitud de pueblos y culturas, que fueron dejando huella de su paso, si bien terminaron imponiéndose unos cenobios cristianos que, curiosamente, y salvo excepciones tierra adentro, apenas recordaron la gran verdad de sus orígenes. Decían los egipcios, que eran las lágrimas de Isis las que gobernaban las aguas del Nilo. Puede que aquí no se la llamara Isis, y que tuviera otros nombres antes de alcanzar el de María -que en el fondo es lo mismo, pues hasta el Cristianismo reconoce a la Madre de la Madre como Ana o Agua-, pero su presencia, después de todo, es indiscutible y sublime, siendo el agua el líquido amniótico con el que Ella conecta y se comunica, como bien nos enseñan prácticamente todos los grandes mitos de la Creación. No es de extrañar, pues, que de tan carismática Fuente se alimenten, entre otros, unos viñedos que llevan en sus genes, cuando menos, los humores que tanto la caracterizan: benefactor y complaciente o por el contrario, irascible o perverso. Todo viaje por un lugar como ésta Ribera Sacra es, no cabe duda, un viaje de iniciación de primera magnitud. Porque, como decía el gran poeta: Caminante no hay camino, sino estelas en la mar.

El agua que hace Sacra a una Ribera.


domingo, 21 de abril de 2013

Ribeira Sacra: Mosteiro de San Pedro de Rocas


Localización: Esgos, Ribeira Sacra orensana
Los expertos datan en el siglo VI este increíble conjunto monástico rupestre, además de considerarlo como el más antiguo de Galicia. Cuenta con una iglesia rupestre, excavada en plena roca, además de las capillas y multitud de tumbas antropomorfas, tanto dentro de ella como en el exterior. Hay autores, como Juan García Atienza que suponen, y probablemente con razón, que en este mosteiro de San Pedro de Rocas hubo, en sus comienzos, un importante foco priscilianista, posteriormente perseguido cuando éste, Prisciliano, fue declarado hereje y decapitado en Tréveris. Su historia está muy ligada al Camino de Santiago. Como se cuenta en la Inventio, acerca de Santiago, también el cuerpo de Prisciliano fue recogido por sus discípulos y trasladado a Galicia, donde fue enterrado en lugar secreto, que algunos suponen, precisamente, el bosque de Libredón, donde siglos más tarde, y en base a las supuestas visiones del eremita Pelagio (o Pelayo), el obispo Teodomiro creyó que allí reposaban los restos de Santiago el Mayor; suceso que trajo como consecuencia, y alentado por el rey de Asturias, Alfonso II el Casto, el fenómeno conocido como Camino de Santiago, que hizo de esta ciudad, el tercer Axis Mundi de la Cristiandad.
Sea como sea, de lo que no cabe duda, es de que este mosteiro de San Pedro de Rocas es un auténtico Lugar del Espíritu. Un retorno al útero Materno y un foco de espiritualidad de primera magnitud. Además, su situación en plena Ribeira Sacra orensana, hace que su visita sea imprescindible, siendo su entorno uno de los más bellos e interesantes de la Península.