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sábado, 5 de septiembre de 2015

La Magia del Narcea


Algunos kilómetros más allá de su nacimiento en las Fuentes que llevan su nombre, y una vez pasados la señorial Cangas del Narcea e incluso Corias -lugar donde se asienta ese legendario monasterio cauriense, supuestamente descendido del cielo, probablemente por ángeles hermanos de aquéllos otros, cuyas artes en la orfebrería legaron a la posteridad una de las más insignes Cruces que se conservan en la Cámara Santa de la catedral de San Salvador de Oviedo, aquélla que también lleva su nombre, de los Ángeles-, el Narcea se desliza somnoliento, corcoveando, cual cuélebre fantástico, a la vera de montes y quebradas que, imbuidas de ancestral misterio, lucen, no obstante su grandiosa hermosura, un cierto aspecto de tenebrosa sobrenaturalidad. Esos corcoveos, a medida que el río crece y se ensancha, acercándose a una temprana madurez, se transforman en perfectas curvas de ballesta -como diría aquél hombre bueno, que fuera Don Antonio Machado, aunque en este caso, refiriéndose a su pariente el Duero a su paso por la ciudad de Soria y la ermita de San Saturio-, regalando escenas inolvidables, seguramente encaminadas a seducir los espíritus de los hombres. No resulta vano y mucho menos baladí hablar de seducciones, si tenemos en cuenta que estamos en una parte muy particular de esas milenarias Asturias, donde algún que otro viajero, tuvo la fortuna -o la desgracia, según se mire-, de tropezarse con uno de esos seres sobrenaturales -Dioses de la Vida y de la Muerte, como los definió en el siglo pasado, ese gran cronista asturiano que fue Constantino Cabal- que conforman la rica mitología popular astur. Cuenta aquél gran hombre y teósofo que fuera Mario Roso de Luna, que por estos lares, y mientas se dirigía hacia Soto de los Infantes, le salió al paso una formidable xana, de la que quedó mortalmente prendido y de cuya influencia pudo escapar con bien, gracias a ciertas ayudas, evidentemente también sobrenaturales, que le proporcionaron algunos peculiares compañeros de viaje. Quisiera pensar, a la vista de la belleza que se muestra en las imágenes centrales del presente vídeo, que el lugar de la experiencia sobrenatural de Roso pudo producirse, ¿por qué no?, en ésta curva de ballesta tan genuinamente extraordinaria, que forma el Narcea a su paso por el pueblecito de Pilotuerto -Pilotuertu en bable-, que casualmente, se encuentra situado a una distancia más o menos equidistante entre Cangas del Narcea y Soto de los Infantes. Tal del color verde esmeralda de sus aguas, eran los ojos de la xana que le encandiló y tal como los rayos del sol que procuran una corona áurea a las ramas de los árboles que se reflejan en este maravilloso espejo, los cabellos. También me pregunta, para terminar y puestos a especular, si ese sobrenombre latino con el que muchas veces nos referimos al Sol -Lorenzo-, no será en honor de aquél abnegado mártir que, según la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine, puso a buen recaudo el Santo Grial, cuando los vándalos de Alarico tomaron y saquearon Roma. Recordemos, que como el Sol, el Santo Grial puede dar, pero también puede quitar la vida. Sea como sea, el lugar merece una parada prolongada, siquiera sea para permitir al espíritu solazarse con su belleza. Pero eso sí: si ven alguna rubia haciendo auto-stop, no olviden los famosos versos de Campomanes:

¡Ay del que va en el mundo a alguna parte
y se encuentra a una rubia en el camino!



Publicado en STEEMIT, el día 28 de marzo de 2018: https://steemit.com/spanish/@juancar347/un-rincon-del-narcea

martes, 24 de diciembre de 2013

El Castro de Coaña


Situado a escasa distancia del término municipal de Coaña, muy cerca, también, de esa carreterilla que se dirige a Boal y Grandas de Salime, perdiéndose en la vecina provincia de Lugo, este impresionante castro, conocido con el nombre de El Castielu, duerme su sueño milenario, enclavado en lo más alto de una colina, como si en la intención implícita de sus creadores, y dejando aparte la cuestión estratégica, estuviera la idea de vivir lo más cerca posible de sus dioses celestiales. A pesar del gran número de construcciones sacadas a la luz -incluidas aquéllas de tipo romanizado, como saunas- el grueso principal de este poblado celta, todavía queda oculto, enterrado en esta colina en la que incluso el viento parece traer ecos de lejanas lenguas, susurros de heroicas gestas, suspiros de vida y muerte. En tal sentido, es admirable recordar como todavía se mantienen vigentes las antiguas leyendas que relacionaban estos lugares -tanto en Asturias como en Galicia- con los mouros, unos seres fabulosos y tremendamente ricos, que habitaban en prodigiosas ciudades subterráneas y en algunas ocasiones mantenían contacto con las gentes de superficie. Dejándose o no llevar por las leyendas, de lo que no cabe duda, es de que tener la oportunidad de pasear en solitario por estas ancestrales ruinas, no deja de ser, en el fondo, toda una aventura histórica y a la vez, espiritual. Y es que, cualquier detalle o lugar relacionado con el antiguo mundo celta, resulta siempre una verdadera aventura del Espíritu.


martes, 26 de noviembre de 2013

Lagos de Covadonga


Situación: a 11 kilómetros del Santuario de Covadonga. Generalmente, el acceso con vehículo suele estar prohibido durante los meses de verano y en otras festividades.
Lagos de Covadonga. Simplemente su mención invita ya a la especulación obligada sobre las especiales características de este entorno sobrenatural del que forman parte. Como inmemoriales guardianes que custodian indolentemente el trono majestuoso de los magníficos Picos de Europa, en cuyas aguas se reflejan no sólo la luna sino también las estrellas, no resulta difícil aceptar cualquiera de las múltiples leyendas de todas y cada una de las diferentes culturas que históricamente posaron los pies en el lugar. Pero quizás, la más sugerente, aquélla que en el fondo conecta con varias de las principales, la romana y la astur y celta, quiso situar aquí el lugar donde los mismos dioses quisieron que el general romano Galva sufriera un episodio sobrenatural o premonitorio -perdón por la reiteración-, que habría de revelarle su futura condición de César. Resulta una lástima, no obstante, que tan extraordinario lugar del espíritu -como en el fondo han sido siempre sus dos lagos principales, el Enol y el Ercina- se vea completamente saturado por un turismo cada vez más generalizado, que demuestra, después de todo, que el antiguo magnetismo de la Madre Tierra continúa ejerciendo todo su poder de seducción sobre las criaturas que moran en ella.