Situado, aproximadamente, a unos 15 kilómetros de Medinaceli, menos de 5 kilómetros de Romanillos y a apenas 30 kilómetros de la medieval Atienza, ya en tierras de Guadalajara, el aspecto más conocido, y que de hecho, más fama revierte sobre Barahona, es la tradición referente a sus brujas.
La piedra que dicen de las brujas, está situada en los campos adyacentes; campos que, durante la Guerra Civil constituyeron un aeródromo y fueron soldados de este aeródromo quienes rompieron la piedra, buscando los tesoros que, según la tradición, ocultaba. De ahí, su aspecto actual.
Resulta curiosa, por otra parte, la disposición de ésta piedra de las brujas, situada en línea recta con la iglesia parroquial de Barahona.
Junto con Zugarramurdi, en Navarra y Trasmoz, en Aragón, Barahona constituye el triángulo peninsular brujeril por excelencia.
Una curiosidad, cuya visita recomiendo. También en las cercanías, apenas a una distancia de 2 ó 3 kilómetros, el pueblo de Villasayas y su iglesia dedicada a Nª Sª de la Asunción, en la que destaca la galería porticada, así como el pórtico de entrada, con motivos de posible influencia irlandesa.