domingo, 16 de noviembre de 2014

Sierra de Brabanza: lugar megalítico del espíritu


Galicia, en su conjunto, es un monumental parque histórico, donde resulta prácticamente imposible no tropezarse con mil y un lugares del espíritu, a cual más revelador e interesante. Si Lugo y Orense destacan por la proliferación de monasterios, en esa maravillosa zona compartida, que recibe el nombre de Rovoyra Sacrata, Pontevedra lo hace por la grandeza y abundancia de sus petroglifos y la provincia de A Coruña, por sus numerosos montes y sierras sagradas, en cuyo ambiente todavía se aspira el lejano hedor de un megalitismo, que fue especialmente intenso en ella. Este sería el caso de la Serra de Brabanza, un maravilloso conjunto natural, que se extiende entre varios concejos o axuntamientos, siendo los más significativos, quizás, los de Noya y Lousame. Es en pueblos situados al pie mismo de la sierra, como Moimenta, de donde parten diversas rutas, que recorren sus intrincados vericuetos, distribuyendo su rico patrimonio, en mámoas, dólmenes y menhires, no siempre fáciles de localizar, por estar generalmente ocultos por una generosa vegetación selvática. En la cima -detalle que recuerda a otros lugares sagrados, como el Santo Alto Rey, en la provincia de Guadalajara-, hay una base militar, el EVA 10. No obstante, la subida por carretera resulta cómoda, aun teniendo precaución por la proliferación de caballos sueltos, siendo las panorámicas que se obtienen, cuando menos impresionantes, y posiblemente, constituyan, también, la clave para adivinar por qué ese lugar fue tan importante y sagrado para las diferentes culturas y civilizaciones que nos precedieron.

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lunes, 10 de noviembre de 2014

El Pasatiempo de Betanzos



Posiblemente en la actualidad, su estado de semi abandono le reste parte de esa gracia o brillantez que tuvo en tiempos; pero, por paradójico que parezca, le confiere, no obstante, ese grado de respetabilidad trascendente que el tiempo y el aparente desorden de la naturaleza dan a las cosas y lugares, cuando prima el libre albedrío y no la mano, en ocasiones tan devastadora, del hombre. Situado a las afueras de Betanzos, no muy lejos, por desgracia, de esas zonas parcial o totalmente industrializadas -incluidos grandes almacenes chinos-, el Pasatiempo de Betanzos -legado a la ciudad por un betanceiro que hizo las Américas, cuando España pasaba hambre y Galicia despedía a sus hijos con el hatillo cargado de ilusiones y unas alpargatas para hacer otros caminos que no fueran a Santiago-, es un compendio espiritual de primer orden. Adentrados en su magia, es difícil no vislumbrar docenas de detalles que inducen al espíritu a adentrarse por mundos paralelos: mundos donde la política, la leyenda, el esoterismo, el compañerismo masónico, la magia de la arquitectura, el clasicismo y el ocultismo conforman un pequeño habitáculo de receptiva espiritualidad, que merece la pena sentir y con el que no resulta difícil, en absoluto, dejarse llevar.

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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Fisterra


'Tierras hay
al oeste del Oeste,
donde la noche es quietud,
el sueño, reposo.
 
Nave, nave mía.
El Oeste busco,
y campos
y montañas
siempre benditos'. (1)

¿Es el Alfa?. ¿Es el Omega?. ¿O es, simplemente, Fisterra?. El espíritu habita aquí con fuerza, pero a cada alma le susurra de manera diferente. Sobran las palabras. Servidor, no obstante nostálgico, se queda con su pequeño tesoro particular; un mensaje, un hálito de viento, una compañía en la distancia: 'Lo has conseguido, has llegado al final de la tierra!!!'.

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(1) John Ronald Reuen Tolkien: 'La última canción de Bilbo', Editorial Planeta, S.A., Primera Edición: octubre de 2010.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Cascadas de Ézaro


Hay Lugares del Espíritu, donde merece la pena detenerse, siquiera una vez en la vida. O Ézaro, es un pequeño puerto pesquero, perteneciente al municipio de Dumbría, en la comarca de Fisterra. El río Xallas, que desciende del Monte Pindo -el Olimpo Celta que fue terriblemente arrasado por un pavoroso incendio hará menos de dos años y difícil será que vuelva a recuperar su antiguo esplendor-, desemboca aquí, en su último tramo, conformando uno de los lugares más espectaculares del mundo: la cascada o fervenza de Ézaro, no en vano llamada, sobre todo en épocas de lluvia que acrecientan su caudal, el pequeño Niágara gallego. Su mayor cualidad, por decirlo de alguna manera, es que es una de las escasas, quizás única, cascadas europeas, que vierten sus aguas directamente al mar. Cierto es que el hombre, en su estúpida avidez, ha trastocado el entorno y presas y centrales eléctricas han profanado un lugar donde el espíritu habla por sí mismo. Aún así, frente a su inconmensurable visión, el espíritu siente, reacciona y se deja arrullar como un niño chico. Llegado hasta aquí, ya una vez contemplando el maravilloso horizonte que se vislumbra algunos metros más arriba, en el también denominado mirador de Ézaro, desde donde es posible contemplar el cabo Finisterre, el peregrino se solidariza con las maravillas que la Diosa Madre le ofrece en su camino, y a medida que disminuye la distancia hacia Fisterra, hacia ese Finis Terrae que se traga al sol cada atardecer y donde reposan el sueño eterno los espíritus de sus antepasados, un curioso cúmulo de sensaciones se apoderan de su ser: observando esas aguas que caen para unirse en un abrazo definitivo con las aguas del Atlántico, no es difícil que imagine ver las huellas de los peregrinos que llegaron antes que él y se detuvieron aquí unos minutos antes de continuar su camino. Y de alguna forma, quizás como el arrullo del agua que lleva la marea, sienta que después del largo camino, está a punto de llegar a casa.

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